lunes, 21 de junio de 2010

FORMAS DE REINSCRIPCION DEL BARROCO EN EL VILLANCICO


Continuidad y ruptura con la música de Nueva España

Luis Antonio Rateni












Oyeme con los ojos,

ya que están tan distantes los oídos,

y de ausentes enojos

en ecos, de mi pluma mis gemidos;

y ya que a ti no llega mi voz ruda,

óyeme sordo, pues me quejo muda.


Sor Juana Inés de la Cruz


I. Introducción

Nos hemos propuesto abordar el villancico desde sus orígenes en Europa hasta su recepción en la Nueva España, donde, por un lado, fue el modo de expresión de las voces postergadas de la sociedad y, por el otro, fue tratado con el más alto refinamiento poético, no sólo en el plano musical, sino además por autores tales como Sor Juana Inés de la Cruz en el México virreinal del siglo XVII, espacio temporal en que la literatura nacional era imitación, más o menos cabal, de la española.


II. Antecedentes históricos


Toda época se ha caracterizado por un tipo de arte que fuera enteramente representativo de la misma. Es el caso de la música religiosa, en tiempos en que la cristiandad había alcanzado en Europa visos de universalidad. En aquellos días parecía imposible quebrantar ese universal de la producción musical religiosa en busca de algunos rasgos que dotaran a la música de un sentido nacional, regional o social. Sería harto complejo tratar de rastrear los remotos orígenes y posterior evolución de este estilo de canto llano, edificado sobre el sistema heptamodal griego y el canto melismático de la liturgia judía. No obstante, para señalar, al menos convencionalmente, su momento de institucionalización y apogeo, marcaremos el pontificado de San Gregorio Magno, quien ocupa el Trono de San Pedro entre los años 591 a 604. A él debemos la fundación de la Schola Cantorum. Fue éste el germen de la llamada Escuela Romana de Canto litúrgico. A su acción se debe también la instauración del Antifonario Romano, para cada ocasión especial del servicio religioso. La tradición refiere que era tal la trascendencia que San Gregorio daba a esta verdadera recopilación, que hizo encadenar un ejemplar del mismo en el altar mayor de San Pedro .
Parecería imposible en un tipo de arte de tal abstracción encontrar una Pathosformel, y sin embargo, el mismo estaba establecido, en primer lugar, a partir de un complejo código de relaciones interválicas, dentro del cual, cada salto entre nota y nota tenía un significado harto preciso. Así, v.gr., el salto de quinta ascendente significaba, dentro del antifonario gregoriano, el estado de júbilo ante el nacimiento de Nuestro Señor. Destacables son también la elección de los modos, para cada ocasión particular, y el empleo de las melismas, para resaltar ciertas partes del texto, así, v.gr., en las palabras Kyrie Eléison, el canto melismático se extiende sobre el término Eléison.
Hacia el 1100 ingresa, como canción homófona, primero en el ámbito litúrgico y luego también en el profano, el conductus. Posiblemente se trate de la canción artística latina más representativa de la Edad Media, Ya hacia el 1200 había abandonado la homofonía para recubrirse en un entretejido de melismas, posiblemente una de las tramas más complejas que alcanzó la poesía cantada medieval, particularmente a partir del arte de Perotin Le Grand . Aunque el conductus siguió cultivándose hasta el siglo XIV, ya durante el siglo XIII había dejado de componérselo, cediendo su lugar al cantio homófono . Esta transición ha sido escasamente investigada hasta el presente, pero nos abre las puertas hacia un nuevo tipo de arte menos universalizado, donde el texto profano se ha ganado su propio lugar en la búsqueda de una estética particular, y donde el elemento social se expresa con una voz propia.


III. El villancico como forma musical

Entre los antecedentes del villancico, y como una de las formas más importantes de la poesía y la música medieval francesa, figura el virelai (llamada también chanson balladée), consistente en un refrán o estribillo (R), que generalmente alterna con tres estrofas (E):

r e1, r e2, r e3, r

Fue Guillaume de Machaut (n. probablemente en Machaut, Champaña, aprox. 1300, m. Reims, Abr. 1377), el músico más grande del siglo XIV francés, quien estableció el virelai como una de las formes fixes de la poesía y la música francesa . Luego de Machaut, al virelai continuó componiéndosele en las postrimerías del siglo XIV y muy poco durante todo el siglo XV, por Guillaume Dufay (n. aprox. 1400; m. Cambrai, 27 nov. 1474), Johannes Ockeghem (1425 – 1497) y Antoine Busnois (m. 6. nov. 1492?) .
Los orígenes del virelai no son estrictamente trovadorescos, como antes se suponía, sino, probablemente hispánicos y, quizá, hispanoarábigos . En realidad, los trovadores franceses del siglo XIV no hicieron más que recoger y refinar un tipo de canción popular ya muy en boga desde el siglo XIII . Las cantigas españolas de la segunda mitad del siglo XIII (algunas posiblemente más antiguas), incluyen entre cerca de 400 canciones, más de 100 en estricta forma de virelai. No debe sorprendernos, pues, que la forma estricta del virelai reaparezca en la música española a partir del siglo XV, ya bajo la denominación de villancico. Aunque las Cantigas de Santa María, de fines del siglo XIII incluyen numerosas canciones que muestran la forma métrica y la forma del villancico, este término no entró en uso en España sino a partir del siglo XV.
Existe un vínculo indisoluble entre la temática de los primeros villancicos y el teatro medieval español, de contenido eminentemente religioso. Todos los países europeos tuvieron su teatro propio y típico entre los siglos XII y XVI . Estos espectáculos sagrados se dieron hasta el siglo XIII en los templos, en lengua latina. A posteriori se intercalaron pasajes en lengua popular y de carácter cómico, y se introdujeron canciones de rápida divulgación, de origen popular, las más veces alusivas a la navidad. En España, esta función fue cubierta casi exclusivamente por los villancicos .
A diferencia de la clase francesa, el villancico no siempre repite el estribillo después de cada estrofa, ni tampoco tiene siempre la estricta conformidad de la estructura poética con la forma musical, característica del virelai francés. Esto es especialmente evidente en su estructura rítmica, que en muchos casos es asimétrica, v. gr. ab cccb, en vez de simétrica, ab ccab. Básicamente, la poesía de los villancicos consiste en varias coplas unidas por un estribillo. La copla consiste en dos secciones, mudanza y vuelta . El número de líneas en cada sección es variable.
La reina Isabel de Castilla, al igual que su hermano Enrique IV, era aficionada a la música y costeaba a cuarenta cantantes para su propio deleite. En esta época, el villancico es influenciado por el zéjel árabe y por la poesía gallega. No obstante, la principal diferencia entre los villancicos de esta época y su pariente cercano, el zéjel, radica en que los primeros tienen alternadas asonancias en i y a, y omiten la rima de la estrofa-tema al final de cada tristiquio. En los cancioneros españoles de aproximadamente 1500 se conservan muchos villancicos compuestos para tres o cuatro voces. Juan del Encina (h. 1468 – 1529) es probablemente el más importante de los primeros compositores de tales piezas. Si del reinado de los Reyes Católicos conservamos el gran Cancionero de Palacio, del de Felipe II tenemos el Cancionero de Medinaceli, así bautizado debido a su pertenencia a la biblioteca de esta Casa Ducal. Gracias a él conocemos la polifonía profana española de mediados del siglo XVI. Tenemos pocos datos de su origen y recopilación, tan sólo aparece la fecha de 1569 escrita en sus primeros folios y algunas anotaciones que hacen pensar que perteneció a algún convento castellano. En este cancionero se recogen muestras del villancico, el romance, la canción, el madrigal, la ensalada y la danza cantada. Respecto a los villancicos, tan populares en la época de los Reyes Católicos y por tanto tan presentes en el Cancionero de Palacio, presentan aquí un nuevo espíritu. El respeto a la forma establecida del villancico estructurada en varias estrofas acabadas en un verso que rima con el estribillo, no permite ya la libertad de creación, los textos son ahora diferentes y requieren otras formas. Buscan una estructura formal más libre que la que les brinda el villancico. Muchas de las obras que aparecen bajo esta denominación en el cancionero son, de hecho, madrigales .
Después de 1500 el villancico también se compuso como solo vocal, con acompañamiento de vihuela. Es el momento del gran florecimiento del arte instrumental español. Los villancicos pasan a ser tratados por los instrumentistas con el mismo favor y libertad que la chanson en otros países europeos . La vihuela juega un rol análogo al del laúd, adoptándose una escritura de tipo armónico y el silabismo . En esta época aparece Francisco Guerrero (1528 – 1599), músico abierto hacia un gusto pintoresco y patéticamente melindroso, ya típico del siglo XVII. Guerrero es un compositor notable, dotado de seguro oficio, y abierto también a las seducciones de los villancicos, que a menudo adapta a contenidos religiosos, dando un peculiar sabor de ingenua fe popular a ciertos episodios relativos a la Natividad: el mismo gusto tierno y oleográfico que se encuentra en la pintura de Murillo .
El siglo XVII es una época de crisis para la tradición polifónica española, que no se extingue, pero tampoco da vida a grandes personalidades. Una excepción la constituye el valenciano Juan Bautista Comes (n. en 1568), no ajeno al fasto de grandiosas sonoridades y a menudo orientado hacia la utilización del esquema popular del villancico con palabras de carácter sacro .Es en este tiempo cuando el villancico hace su reaparición como composición religiosa comparable a la cantata eclesiástica o al himno anglicano. Durante los siglos XVII y XVIII se produjo un número considerable de tales villancicos, tanto en España como en Iberoamérica.



IV. El villancico en la música de la Nueva España

El villancico como forma poética y musical adquirirá características propias en territorio iberoamericano. Es obvio que, como pieza de origen popular, además de los ritmos danzantes, de los contenidos poéticos y de los elementos contrapuntísticos inspirados en el folklore ibérico, en América, dentro de una búsqueda permanente de nuevas temáticas, el villancico asimilará ciertos aspectos de la vida popular y de la música indígena del Nuevo Mundo. Con relación a los textos, el castellano originario se ampliará a favor de otras lenguas prácticas americanas: el quechua, el nahuatl, el gallego, el portugués y aun el afro-español. Podría resultar sorprendente la presencia de una cultura musical tan vigorosa en un período tan precoz de la historia del Nuevo Mundo. Pero, como hemos visto, la música española fue siempre permeable a las influencias de otras culturas, tanto de Oriente como así también del norte de África. No obstante ello, la inmensa energía rítmica de los villancicos americanos, que produce en el espectador un placer vivo e inmediato, no deja de acarrear dificultades para los historiadores. Estos ritmos característicos, provenientes de un substrato medieval donde lo francés se amalgamaba con lo hispano y lo árabe-andaluz, sumarán una ligadura a ritmos autóctonos americanos, matizados con otros africanos, produciendo así una doble mezcolanza.
La problemática señalada hace que la música de la Nueva España se encuentre dentro de una particular esfera, donde su propio carácter sui generis obra como protección. Sin embargo, en modo alguno debe pensarse en un tipo de música primitiva, o técnicamente incompleta, como lo son, por ejemplo, los motetes de William Billings (1746 – 1800) o Daniel Read (1757 – 1836), ambos autodidactas , como ejemplo arquetípico de los músicos de la Nueva Inglaterra. Por el contrario, los compositores de la Nueva España poseen una sólida formación y se distinguen por su espíritu abierto. Los mejores entre ellos pueden resistir la comparación con sus pares europeos. Un maestro poco conocido, tal el caso de Juan de Araujo, fácilmente podría sobrepasar a un maestro de segundo rango del Viejo Continente .
Del mismo modo en que, desde la literatura, autores americanos como sor Juana daban participación a otras voces del continente, habitualmente acalladas , muchos compositores de la Nueva España, dentro de la música de villancicos, permitieron el ingreso de ritmos típicos, sin por ello quebrar la estructura formal que define a dicho género musical.
A modo de ejemplo, expondremos “Convidando esta la noche”, villancico mexicano de Juan García de Zéspiedes, del año 1650. Su estructura formal responde a la típica del género:

a bb’ bb’ bb’ bb’ a bb’ bb’ bb’ bb’b’

El estribillo “a” oficia como introducción lenta, nominada por el autor como “Juguete”. La verdadera riqueza en cuanto a la participación de voces otrora postergadas se observa en la copla, donde tanto la mudanza como la vuelta están constituidas por la alternancia de un tema b con b’, en ritmo de guaracha, danza de origen africano de gran popularidad en Cuba, aun hasta nuestros días. El propio autor se encarga de denominar como guaracha a esta sección, enfatizando la referencia a la misma en el texto de la repetición del estribillo. Desde un punto de vista estrictamente formal y textual, no existe diferencia entre b y b’. La misma está pautada por la alternancia de la voz solista en b (mudanza), con el coro femenino en b’ (vuelta) .
Textualmente, el villancico reza:

(Juguete:)

Convivando esta la noche

Aquí de musicas varias

Al recein nacido infante

Canten tiernas alabanzas


(Guaracha:)

Ay que me abraso ay

divino dueño ay

en la hermosura ay
de tus ojuelos ay!

Ay como llueven ay

Ciendos luçeros ay

Rayos de gloria ay

Rayos de fuego ay!


Ay que la gloria ay

del portaliño ay

ya viste rayos ay

si arrojayalos ay!


Ay que su madre ay

como en su espero ay

mira en (su)lucencia ay

sus crecimientos ay!


(Juguete:)

Alegres quando festivas

Unas hermosas zagales

con novidad entonaron

Juguetes por la guaracha.


(Guaracha:)

En la guaracha ay

Le festinemos ay

mientras el niños ay

se rende al sueño ay!


Toquen y baylen ay

porque tenemos ay

fuego en la nieve ay

nieve en el fuego ay!
Pero el chicote ay

a un mismo tiempo ay

llora y se rrie ay

que dos estremos ay!


Paz a los hombres ay

dans de los delos ay

a Dios las gracias ay

porque callenos ay!



V. Conclusión

Existe un correlato constante entre el gusto literario y musical durante el barroco de la Nueva España. En el género villancico, esta correspondencia entre música y literatura se pone en evidencia a partir de los preciosismos estilísticos de los textos, y el refinamiento compositivo de la música. Ahondando en la producción de autores como sor Juana, vemos aun una simbiosis mayor con los compositores del nuevo mundo, en el afán de una y otros de marcar el sincretismo cultural constitutivo de la vida de la Nueva España. Así, mientras sor Juana intenta dar cabida en sus villancicos a ciertas voces postergadas de las letras “cultas” de la época, tales como el negro, o aun el ranchero; los más compositores ingresaban a la estructura formal de la música de sus villancicos ritmos ajenos a la estricta herencia hispana, como los ritmos de danzas indígenas y afroamericanas. He aquí el primer archivo de una eventual historia musical de Latinoamérica.



VI. Bibliografía

BRENAN, Gerald, Historia de la Literatura Española, traducción de Miguel de Amilibia, Barcelona, Crítica, 1984.

COHEN, Joel, Nueva España. Close Encounter in the New World, 1590-1690, Paris, Erato Disques S.A., 1993.

Sor JUANA INÉS DE LA CRUZ, Obras completas, México, Editorial Porrúa, S.A., 1989.

MENUHIN, Yehudi, La música del hombre, Bogotá, Fondo Educativo Interamericano S.A., 1981.

DUFOURCQ, Norbert (dirección), La musique. Des origines a nos jours, Paris, Librairie Larousse, 1946.

PAHLEN, Kurt, Historia de la Música, Buenos Aires, Ediciones Carlos Lohlé, 1957.

PAZ, Octavio, “Arca de Música”, en Sor Juana Inés de la Cruz, o las trampas de la fe, México, Fondo de Cultura Económica, 3ª ed., 1983.

PÉREZ, Ane, “El Cancionero musical de la Casa de Medinaceli”, en Audioclásica, nº21, Madrid, Junio de 1998.

RAMA, Angel, “La ciudad escrituraria”, en La ciudad letrada, Montevideo, Comisión Uruguaya por Fundación Internacional Angel Rama.

RANDEL, Don Michael, Diccionario Harvard de Música, México, Editorial Diana, 1984.

STEPHAN, Rudolph, Música, Bs. As., Compañía General Fabril Editora, 1964.

HESIODO, DICHTER UND BAUER



Luis Antonio Rateni


Hesíodo, como Homero, es la expresión poética del período al que comúnmente se da el nombre de Medioevo Griego. Es ésta una época oscura que se inicia con el derrumbe de la civilización micénica, provocado por las sucesivas invasiones de pueblos helénicos provenientes del norte y conocidos como dorios, a finales del siglo XII a. de C. En el siglo VII comienza la que suele llamarse Época Arcaica. Este período es de suma importancia porque en él se echaron los cimientos de la nueva civilización que caracterizó al mundo griego hasta la época de Alejandro Magno.
La existencia real de Hesíodo no ha suscitado entre los investigadores las dudas que envuelven al semilegendario Homero, si bien no faltan relatos ficticios sobre su origen, su vida y su muerte. Lo hemos calificado en el título de este capítulo como Dichter und Bauer (Poeta y Aldeano), parafraseando el título de la célebre opereta de Franz von Suppé, dado que, según la presentación que el poeta hace de sí mismo en su obra, fue un joven pastor que recibió el llamado de las Musas del Helicón, mientras apacentaba sus ovejas, para ser consagrado poeta

Αἵ νύ ποθ᾽ Ἡσίοδον καλὴν ἐδίδαξαν ἀοιδήν,
ἄρνας ποιμαίνονθ᾽ Ἑλικῶνος ὕπο ζαθέοιο.
Τόνδε δέ με πρώτιστα θεαὶ πρὸς μῦθον ἔειπον,
Μοῦσαι Ὀλυμπιάδες, κοῦραι Διὸς αἰγιόχοιο·
«Ποιμένες ἄγραυλοι, κάκ᾽ ἐλέγχεα, γαστέρες οἶον,
ἴδμεν ψεύδεα πολλὰ λέγειν ἐτύμοισιν ὁμοῖα,
ἴδμεν δ᾽, εὖτ᾽ ἐθέλωμεν, ἀληθέα γηρύσασθαι.»

[Ellas una vez a Hesíodo enseñaron su bello canto,
mientras apacentaba ovejas al pie del Helicón divino.
Esto a mí en primer lugar las diosas con su discurso me dijeron,
las Musas Olímpicas, hijas de Zeus que tiene la égida:
“Pastores rústicos, mal oprobio, vientres solamente,
sabemos decir muchas falsedades semejantes a verdades,
pero sabemos, cuando queremos, verdades referir”.]

El hecho de que al comienzo de Trabajos y días el poeta comience invocando a las Musas de la Pieria,

Μοῦσαι Πιερίηθεν ἀοιδῇσιν κλείουσαι
δεῦτε, Δί' ἐννέπετε, σφέτερον πατέρ' ὑμνείουσαι·
ὅντε διὰ βροτοὶ ἄνδρες ὁμῶς ἄφατοί τε φατοί τε,
ῥητοί τ' ἄρρητοί τε Διὸς μεγάλοιο ἕκητι.

[Musas de Pieria que afamáis con vuestros cantos,
venid, de Zeus hablad, celebrando a vuestro padre;
por quien los mortales hombres son igualmente sin fama y afamados,
conocidos y desconocidos, a causa de Zeus el grande.]

y no a las del Helicón, que fueron las que lo iniciaron en la poesía, sirvió de argumento a ciertos comentaristas de la Antigüedad para rechazar la autenticidad del comienzo del poema. Sin embargo, esta mención a la región macedónica donde la historia ubica el nacimiento de las Musas es perfectamente coherente con la Teogonía

Τὰς ἐν Πιερίῃ Κρονίδῃ τέκε πατρὶ μιγεῖσα
Μνημοσύνη, γουνοῖσιν Ἐλευθῆρος μεδέουσα,
λησμοσύνην τε κακῶν ἄμπαυμά τε μερμηράων.

[A éstas en Pieria, unida al Crónida como padre, las dio a luz
Mnemósine, protectora de las colinas de Eléuteras,
como olvido de males y reposo de inquietudes.]

Estamos ante un campesino de Beocia que celebra la piedad, la justicia y el trabajo. Canta el nacimiento y las hazañas de los dioses sin dejar por ello de enseñar el cultivo de la tierra. Es teólogo y cosmólogo sin dejar de ser agrónomo. Hesíodo eleva la tarea del agricultor a un plano quasi místico. Trabajos y Días es el gran poema del hombre y su vinculación con la agricultura. El protagonismo se centra por completo en el plano humano. Lo trascendente, justamente, viene dado por el hecho de que en el cultivo de los cereales el hombre entra en contacto con los poderes divinos, a través de su esfuerzo y su sacrificio. A partir del trabajo, los hombres son más queridos por los Inmortales

ἐξ ἔργων δ' ἄνδρες πολύμηλοί τ' ἀφνειοί τε·
καὶ ἐργαζόμενοι πολὺ φίλτεροι ἀθανάτοισιν.

[Por sus trabajos, los hombres son ricos en ganado y en recursos;
y trabajando, mucho más amado por los inmortales.]

La vida rural que describe Hesíodo supone un régimen de pequeña propiedad que el campesino, replegado sobre su tierra, explota directamente. Parecería un estado de la Grecia arcaica, como podría haber sido en tiempos anteriores a la pólis. Sin embargo, incluso en la época clásica, la economía griega se mantuvo esencialmente agrícola. En algunas ciudades griegas, quizá incluso en el Ática, el oikos como propiedad familiar permaneció inalienable hasta el fin del siglo V. Aun Aristóteles en su Política resalta la trascendencia de la casa familiar; aunque fija como primera comunidad de valores humanos a la pólis

ἡ δ᾽ ἐκ πλειόνων κωμῶν κοινωνία τέλειος πόλις, ἤδη πάσης ἔχουσα πέρας τῆς αὐταρκείας ὡς ἔπος εἰπεῖν, γινομένη μὲν τοῦ ζῆν ἕνεκεν, οὖσα δὲ τοῦ εὖ ζῆν.

[La comunidad perfecta de varias aldeas es la pólis, que tiene, por así decirlo, el extremo de toda suficiencia, y que surgió por causa de las necesidades de la vida, pero existe ahora para vivir bien.]

καὶ πρότερον δὲ τῇ φύσει πόλις ἢ οἰκία καὶ ἕκαστος ἡμῶν ἐστιν.

[La pólis es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte]

sin embargo, se apoya en Hesíodo para manifestar la relevancia del oikos como comunidad instituida a los fines de satisfacer las necesidades básicas de las personas.

ἐκ μὲν οὖν τούτων τῶν δύο κοινωνιῶν οἰκία πρώτη, καὶ ὀρθῶς Ἡσίοδος εἶπε ποιήσας

“οἶκον μὲν πρώτιστα γυναῖκά τε βοῦν τ᾽ ἀροτῆρα”

ὁ γὰρ βοῦς ἀντ᾽ οἰκέτου τοῖς πένησίν ἐστιν. ἡ μὲν οὖν εἰς πᾶσαν ἡμέραν συνεστηκυῖα κοινωνία κατὰ φύσιν οἶκός ἐστιν

[De estas dos comunidades procede en primer lugar el oíkos, y Hesíodo dijo bien en su poema

“Una casa, en primer lugar, una mujer y un buey de labranza”

pues el buey hace las veces de criado para los pobres. La familia es la comunidad constituida por naturaleza, para satisfacción de lo cotidiano]

La tierra estaba ligada a representaciones religiosas, que le otorgaban un lazo muy particular con su poseedor. Nuevamente es el Estagirita quien expone esta situación en su Constitución de los Atenienses, citando los versos de Solón que celebran la emancipación de la Tierra, madre de los olímpicos, en otros tiempos esclava, luego libre

ἐγὼ δὲ τῶν μὲν οὕνεκα ξυνήγαγον
δῆμον, τί τούτων πρὶν τυχεῖν ἐπαυσάμην;
συμμαρτυροίη ταῦτ᾽ ἂν ἐν δίκῃ Χρόνου
μήτηρ μεγίστη δαιμόνων Ὀλυμπίων
ἄριστα, Γῆ μέλαινα, τῆς ἐγώ ποτε
ὅρους ἀνεῖλον πολλαχῇ πεπηγότας,
πρόσθεν δὲ δουλεύουσα, νῦν ἐλευθέρα.

[Yo para cuantas cosas reuní
al pueblo, ¿en cuál de ellas me detuve antes de lograrla?
Podría testimoniar de esto en el tribunal del Tiempo
la suprema madre de los dioses olímpicos
muy bien, la negra Tierra, de la que yo antaño
los mojones arranqué en muchas partes hincados
la que antes era esclava, ahora es libre.]

Por ello la tierra constituía un bien completamente diferente al dinero; difícilmente entraba en el ciclo de la economía monetaria.
La comedia clásica muestra lo que pudo haber sido la vida del campesino del Ática, que trabajaba su tierra con ayuda de algunos esclavos. Aristófanes presenta en Acarnienses a Dikaiópolis, un labrador que demuestra que los oradores incitan a la guerra y engañan descaradamente al pueblo, mientras que llora a su aldea que desconoce el comercio y se autoabastece

ὦ πόλις πόλις.
ἐγὼ δ᾽ ἀεὶ πρώτιστος εἰς ἐκκλησίαν
νοστῶν κάθημαι: κᾆτ᾽ ἐπειδὰν ὦ μόνος,
30στένω κέχηνα σκορδινῶμαι πέρδομαι,
ἀπορῶ γράφω παρατίλλομαι λογίζομαι,
ἀποβλέπων ἐς τὸν ἀγρὸν εἰρήνης ἐρῶν,
στυγῶν μὲν ἄστυ τὸν δ᾽ ἐμὸν δῆμον ποθῶν,
ὃς οὐδεπώποτ᾽ εἶπεν, ἄνθρακας πρίω,
οὐκ ὄξος οὐκ ἔλαιον, οὐδ᾽ ᾔδει “πρίω,”
ἀλλ᾽ αὐτὸς ἔφερε πάντα χὠ πρίων ἀπῆν.

[¡Oh, pólis, pólis!
Yo sin embargo llego siempre temprano a la Asamblea
luego, espero regresar porque me aburro de estar aquí solo,
gimo, bostezo, me desperezo, pedorreo, pues no sé qué hacer;
dibujo en el suelo, me arranco los pelos, hago cálculos,
vuelvo mis ojos a los campos, deseoso de paz,
aborreciendo la ciudad, añorando mi pueblo que jamás pregonó
“compra carbón”, “compra vinagre”, “compra aceite”.
Ni siquiera conocía que era eso de “compra”,
porque nos autoabastecíamos y nadie te gritaba “compra”.]

En su Apología de Sócrates, Jenofonte enfatiza la actualidad que tenía Hesíodo en tiempos del juicio del filósofo ateniense, dado que sus acusadores se habrían valido de una rebuscada interpretación de una cita del poeta, aparentemente frecuentada por Sócrates

ἔφη δ᾽ αὐτὸν ὁ κατήγορος καὶ τῶν ἐνδοξοτάτων ποιητῶν ἐκλεγόμενον τὰ πονηρότατα καὶ τούτοις μαρτυρίοις χρώμενον διδάσκειν τοὺς συνόντας κακούργους τε εἶναι καὶ τυραννικούς, Ἡσιόδου μὲν τὸ

ἔργον δ᾽ οὐδὲν ὄνειδος, ἀεργίη δέ τ᾽ ὄνειδος:

Σωκράτης δ᾽ ἐπεὶ διομολογήσαιτο τὸ μὲν ἐργάτην εἶναι ὠφέλιμόν τε ἀνθρώπῳ καὶ ἀγαθὸν εἶναι, τὸ δὲ ἀργὸν βλαβερόν τε καὶ κακόν, καὶ τὸ μὲν ἐργάζεσθαι ἀγαθόν

[También decía el acusador que Sócrates había seleccionado los pasajes más perversos de los poetas más ilustres, y, empleándolos como testimonio, enseñaba a sus discípulos a ser malvados y despóticos. De Hesíodo citaba lo de que

El trabajo no es ninguna vergüenza, el ocio es vergüenza.

El acusador pretendía que Sócrates citaba este verso haciendo ver que el poeta exhorta a no abstenerse de ningún trabajo, ni injusto ni vergonzoso, sino a hacer también éstos con vistas a la ganancia.]

Los antiguos imaginaron una competencia entre Hesíodo y Homero, en la cual resultó vencedor el poeta beocio. La fijación de esta leyenda se dio en el Agón, un corto poema mixto de prosa y verso que los griegos probablemente conocían ya desde finales del siglo V a. de C. Precisamente, su origen se debe a la finalidad de demostrar la superioridad de la poesía didascálica de Hesíodo sobre la épica homérica. La tradición relativa a Hesíodo, que aúna testimonios críticos de Alejandría y Pérgamo, incluye este certamen literario. Tambien se hace referencia al mismo en las biografías del poeta escritas por Hesiquio y Tzetzes, y en los comentarios referentes a su obra realizados por Plutarco, Pausanias y Proclo.
Disentimos con Mondolfo respecto de que podría verse en Homero una contraposición entre la virtud del trabajo y la actividad útil para la familia, dado que, precisamente, elige citar las palabras de Ulises mientras pasa por mendigo en su propia mansión, donde la historia en la cual se aprecia el supuesto “antagonismo” es creación del “polytropismo” del héroe

νῦν δ᾽ ἤδη πάντα λέλοιπεν
ἀλλ᾽ ἔμπης καλάμην γέ σ᾽ ὀΐομαι εἰσορόωντα
γιγνώσκειν· ἦ γάρ με δύη ἔχει ἤλιθα πολλή.
ἦ μὲν δὴ θάρσος μοι Ἄρης τ᾽ ἔδοσαν καὶ Ἀθήνη
καὶ ῥηξηνορίην· ὁπότε κρίνοιμι λόχονδε
ἄνδρας ἀριστῆας, κακὰ δυσμενέεσσι φυτεύων,
οὔ ποτέ μοι θάνατον προτιόσσετο θυμὸς ἀγήνωρ,
ἀλλὰ πολὺ πρώτιστος ἐπάλμενος ἔγχει ἕλεσκον
ἀνδρῶν δυσμενέων ὅ τέ μοι εἴξειε πόδεσσιν.

[Todo ya se perdió, mas tú mismo,
si no yerro, podrás conocer, contemplando el rastrojo,
cómo ha sido la mies, aunque tanto me pesen mis duelos.
Pero Ares y Atenea pusieron audacia en mi alma
y el esfuerzo a romper por los hombres, y, cuando elegía
los mejores para una emboscada tramando ruinas
a otros, jamás en mi espíritu prócer pensaba
en la muerte: el primero en saltar, abatía con mi lanza
al contrario incapaz de escapar a mis piernas veloces.]

Sí, en cambio, coincidimos con el autor italiano en que Hesíodo cimienta otra moral nítidamente distinta, doméstica y económica. El ideal heroico aventurero es sustituido por el propio apacible y benigno del campesino. En su condición de aedo y agricultor, Hesíodo introduce el elemento personal, hablando en su propio nombre. No es casual que la obra de Hesíodo en general, y Trabajos y días en particular, se hayan erigido en paradigma de la práctica educativa agreste en la Grecia arcaica. En el caso de los agricultores, no podría hablarse de una educación metódica y sistemática, sino más bien de sugestiones morales y de hábitos que el trato diario de los jóvenes con los adultos debe ir creando. Más que las técnicas de labranza expuestas por Hesíodo, lo importante es el general sentido de austera moralidad del poema. La justicia hacia todos, la templanza y la vida ordenada son las virtudes modestas más preciosas para el hombre sabio y feliz.
No hay que olvidar que las poblaciones campesinas a las que Hesíodo proyecta este cuadro de vida virtuosa son aquellas entre las cuales los cultos agrarios primeramente, y las religiones mistéricas más tarde, encontraron los prosélitos más numerosos. Estas religiones resaltaban la antítesis entre estado humano propio de esta existencia terrestre, y estado divino, estado de felicidad que, más allá de la muerte, esperaba a las almas puras.
Para Mondolfo, Hesíodo utiliza las creencias del animismo y del demonismo primitivo, las cuales nunca fueron abandonadas por los campesinos y los hombres comunes, entre quienes el poeta se cuenta. No obstante, modifica la función de los espíritus invisibles que pueblan la atmósfera. Ya no se apoderan de los hombres para dominar su obra, pues en tal caso no cabrían responsabilidades en el accionar humano. Solamente intervienen para vigilar esas acciones responsables, a fin de llevar noticias a la divinidad que imparte justicia. De aquí que Zeus envíe por toda la tierra a los treinta mil custodios inmortales de los hombres para observar su conducta.

τρὶς γὰρ μύριοί εἰσιν ἐπὶ χθονὶ πουλυϐοτείρῃ
ἀθάνατοι Ζηνὸς φύλακες θνητῶν ἀνθρώπων·
οἵ ῥα φυλάσσουσίν τε δίκας καὶ σχέτλια ἔργα
ἠέρα ἑσσάμενοι, πάντη φοιτῶντες ἐπ' αἶαν.

[Pues treinta mil sobre la tierra muy fecunda son
los inmortales, por orden de Zeus de los mortales hombres;
ellos custodian las sentencias y las crueles obras,
vestidos de bruma, yendo y viniendo por doquier sobre la tierra.]

De manera muy particular ha marcado O. Gigon el distanciamiento existente en materia religiosa entre Homero y Hesíodo

La religión homérica es una religión de señores formada libremente por el distanciamiento poético, en la que cuesta mucho encontrar un poco de verdadera fe. En Hesíodo, por el contrario, la fe en Zeus es el centro de su ser y el elemento por el que hallan unidad interna las dos obras que de él conservamos: la Teogonía y Los trabajos y los días. Los trabajos y los días nos hablan de Zeus como guardián de la justicia y la Teogonía, mirada bajo cierto punto de vista, no es otra cosa que un himno a Zeus, en el que se nos cuenta cómo Zeus, después de dominar los desordenados poderes de tiempos remotos, asienta su reino de justicia.

Sin embargo, más allá de lo que expusiéramos en I.1. , y de la complejidad de genealogías divinas expuestas en la Teogonía, Hesíodo nunca perdió de vista la dualidad existente entre la religión olímpica y las nunca desaparecidas creencias populares. Aunque en teoría el Panteón olímpico de los doce dioses presidido por Zeus parece de una solidez monolítica, en la práctica vemos sendas contradicciones. Los dioses olímpicos no son exteriores al mundo; son parte integrante del cosmos. Ellos no han creado el universo físico, ni los seres vivos, ni los hombres. Ellos mismos han sido creados por potencias primordiales que continuaban existiendo como sustrato del universo: Chaos, Gaia, Eros, Nyx, Ouranós y Okeanós.
Para Guthrie, la religión griega es multifacética; en la Grecia de los tiempos históricos, la división más obvia que ha de hacerse es la señalada entre religión olímpica y la ctonia, entre los cultos al aire libre en torno de las cimas del monte sagrado, con sus concomitantes características de cordura, claridad y serenidad, y los cultos de la tierra y de las regiones subterráneas, a menudo señalados por la oscuridad impresionante y el místico anhelo de una unión entre el hombre y la divinidad.
Dentro del animismo popular, del cual los treinta mil custodios inmortales son un reflejo, se creía que un ser divino tutelar acompañaba a cada hombre durante su vida. Así, en el Fedón de Platón, Sócrates menciona

λέγεται δὲ οὕτως, ὡς ἄρα τελευτήσαντα ἕκαστον ὁ ἑκάστου δαίμων, ὅσπερ ζῶντα εἰλήχει, οὗτος ἄγειν ἐπιχειρεῖ εἰς δή τινα τόπον, οἷ δεῖ τοὺς συλλεγέντας διαδικασαμένους εἰς Ἅιδου. πορεύεσθαι μετὰ ἡγεμόνος ἐκείνου ᾧ δὴ προστέτακται τοὺς ἐνθένδε ἐκεῖσε πορεῦσαι: τυχόντας δὲ ἐκεῖ ὧν δὴ τυχεῖν καὶ μείναντας ὃν χρὴ χρόνον ἄλλος δεῦρο πάλιν ἡγεμὼν κομίζει ἐν πολλαῖς χρόνου καὶ μακραῖς περιόδοις.

[Se cuenta eso de que, cuando uno muere, el daimón de cada uno, el que le cupo en suerte en vida, ése intenta llevarlo hacia un cierto lugar, en donde es preciso que los congregados sean sentenciados para marchar hacia el Hades en compañía del guía aquel al que le está encomendado dirigirlos de aquí hasta allí. Y una vez que allí reciben lo que deben recibir y permanecen el tiempo que deben, de nuevo en el sentido inverso los reconduce el guía a través de muchos y amplios períodos de tiempo.]

Jenofonte emplea el neutro τὸ δαιμόνιον para referirse a ese “algo divino tutelar”. Se trataría de una divinidad anunciadora del futuro y también indicadora de lo que se debe hacer, ajustándose a las convicciones religiosas de cada uno

διετεθρύλητο γὰρ ὡς φαίη Σωκράτης τὸ δαιμόνιον ἑαυτῷ σημαίνειν: ὅθεν δὴ καὶ μάλιστά μοι δοκοῦσιν αὐτὸν αἰτιάσασθαι καινὰ δαιμόνια εἰσφέρειν. ὁ δ᾽ οὐδὲν καινότερον εἰσέφερε τῶν ἄλλων, ὅσοι μαντικὴν νομίζοντες οἰωνοῖς τε χρῶνται καὶ φήμαις καὶ συμβόλοις καὶ θυσίαις. οὗτοί τε γὰρ ὑπολαμβάνουσιν οὐ τοὺς ὄρνιθας οὐδὲ τοὺς ἀπαντῶντας εἰδέναι τὰ συμφέροντα τοῖς μαντευομένοις, ἀλλὰ τοὺς θεοὺς διὰ τούτων αὐτὰ σημαίνειν, κἀκεῖνος δὲ οὕτως ἐνόμιζεν.

[Se había divulgado, en efecto, que Sócrates afirmaba que la divinidad le daba señales, que es la razón fundamental por la que yo creo que le acusaron de introducir divinidades nuevas. Pero nada introducía más nuevo que otros que por creer en un arte adivinatoria utilizan pájaros, voces, signos y sacrificios. Ya que estas personas suponen no que los pájaros o los encuentros fortuitos saben lo que conviene a los consultantes, sino que los dioses se lo manifiestan a través de ellos, y Sócrates también lo creía así.]

VNIVERSITAS Y SCHOLA. UN VIAJE PENDULAR INTRA ET EXTRAMURII



Luis Antonio Rateni


Fundada sobre la base del studium, la Universidad surge como tal a partir de un proyecto de inserción social que giraba en torno al Derecho. La primera Vniversitas que se convirtió en un cuerpo organizado regularmente y en una entidad colectiva análoga a nuestras Universidades es la de Bolonia, pero ésta fue, ante todo, un centro de estudios jurídicos, y hasta 1352, bajo Inocencio VI, no obtuvo una Facultad regular de Teología.[1] No es casual que en Bolonia, el primer profesor de Derecho, haya sido Pepo, precisamente un causidicus o juez consultivo. En síntesis, un hombre de derecho al servicio de la sociedad. Pero, aunque Pepo reivindicara haber enseñado el Derecho iustinianeo, fue Irnerio, su sucesor (y tal vez el primero de los glosadores) quien separó a la Ciencia del Derecho de su práctica.[2]

Desde una perspectiva teológica y filosófica (propia del mundo medieval), la primera en constituirse fue la Universidad de París, y su esplendor durante el siglo XIII fue tan grande que eclipsó completamente a su hermana mayor, la de Bolonia, y parcialmente a su hermana menor, la de Oxford. Más allá de este proyecto promovido por la consolidación social y económica de los centros urbanos, el aspecto más característico de la Universidad medieval es su estructura asociativa espontánea: es una corporación, formada para defender los intereses de maestros y estudiantes, reglamentar la enseñanza, controlar su calidad y el número de nuevos maestros. En los estatutos oficiales de la Universidad de París, v. gr., esta institución se refiere a sí misma como


nos, u. magistorum et scholarium Parisiensium.[3]


Esta referencia define, precisamente, la idea de claustro. Aunque Pedro Abelardo sea conocido para muchos merced su trágica historia de amor con Eloísa, su verdadero paso a la Historia deviene a partir de su convicción que confirma que el claustro parisino no representaba a través de sus maestros a un tipo de saber extramuros. De allí su imperiosa necesidad de fundar la Escuela de Melun, trasladada luego a Corbeil, donde atraía a legiones de jóvenes brillantes que no sentían que el ambiente universitario fuese propicio para sus ideales. Tal vez pertenezcan al ámbito de la leyenda los debates de Abelardo con Guillermo de Champeaux y Anselmo de Laón.[4]

Un siglo después de Abelardo, Santo Tomás de Aquino intenta realizar desde París un doble juego de política cultural: por un lado, hacer aceptar a Aristóteles por la ciencia teológica de su época, por otro, disociarlo del uso que hacían de él los averroístas. En este intento, el Aquinatense no podía permanecer intramuros, pues las circunstancias socio-políticas de la época no se lo permitían. Él pertenecía a una orden mendicante que había tenido la mala fortuna de poner en circulación a Gioacchino da Fiore y a otros dominicos considerados en ese momento como una banda de “heréticos apocalípticos”, al decir de Umberto Eco, peligrosísimos para el orden constituido, tanto por la Iglesia como por el Estado. Los maestros reaccionarios de la Facultad de Teología, encabezados por Guillaume de Saint-Amour, pusieron especial cuidado en afirmar que los dominicos eran todos heréticos gioacchinistas. A tanto llegaba su atrevimiento, que estos mendicantes pretendían enseñar el pensamiento de Aristóteles, maestro de los materialistas ateos averroístas. Un enfrentamiento entre estudiantes y fuerzas del orden, dejaron el lamentable saldo de dos dominicos muertos.[5]

Si la Vniversitas tenía que ver con lo institucional, la schola tenía que ver con la metodología de pensamiento y didáctica allí empleada, derivados, precisamente, de la Escolástica. Conviene destacar que aunque estos procesos de pensamiento fueron evolucionando a partir de la Modernidad, la estructura medieval de la Universidad, con todas sus tensiones, se mantuvo hasta la fundación de la Universidad de Berlín en 1810 (actualmente Universidad Humboldt de Berlín), primera institución plenamente actual estructuralmente.

El advenimiento del protestantismo aporta un intento de inserción social de ciertas categorías intelectuales, como el uso de la gramática, a partir de la traducción de las Sagradas Escrituras a lenguas vernáculas. Este movimiento rompe con la hegemonía de la Vniversitas en materia intelectual. La traducción de Martin Luther del Nuevo Testamento, realizada durante su estadía en el Castillo de Wartburg (1521-1522), fue realizada sobre la base de la segunda edición de Erasmo de Rotterdam, en griego (1519). La traducción integral de la Biblia por Lutero, denominada "Gótica", no sólo es la más importante en lengua alemana, sino que, además, de poner las Escrituras al alcance del pueblo, fue el punto de partida para la consolidación del idioma alemán.[6]

Como señaláramos supra, en 1810 el librepensador prusiano Wilhelm von Humboldt fundó la Universität zu Berlin. En 1828 esta Universidad recibió el nombre de Universidad Friedrich-Wilhelm (Friedrich-Wilhelms-Universität) y más tarde fue conocida como Universität unter den Linden. Recién en 1949 se cambió su nombre a Humboldt-Universität zu Berlin (Universidad Humboldt de Berlín) en honor a su fundador. Entre sus primeros intelectuales, donde se cuentan Fichte, Schleiermacher y Schopenhauer, es George Wilhelm Friedrich Hegel quien consolida una idea de Universidad al servicio de un naciente Estado.[7] El prólogo de sus Principios de la Filosofía del Derecho no deja dudas al respecto. La originalidad de la Universidad de Berlín, que fue capaz de cambiar una historia de siete siglos, radica en un cambio de paradigma. Desde su creación, ésta ya no se definía como una communitas scholarum (comunidad de profesores y estudiantes), sino como una communitas scientarum (comunidad de saberes). Si el modelo de Berlín ha servido como brújula para el proceso de modernización de las Universidades europeas y americanas a lo largo de los siglos XIX y XX, ello se debe a que su política universitaria ha abordado la relación existente entre los destinos de la razón, del Estado y de la persona. O, en otros términos, porque desde Berlín logró reformularse, a la luz de la idea moderna de razón y Estado, el éthos universitario.[8] Actualmente, desde Italia nos llega la voz de Paolo Virno, con su Gramática de la multitud, advirtiéndonos que es difícil la proyección extramuros hasta tanto no tengamos en claro si se apunta a una inserción en el pueblo o en el Estado, distinción que, por otro lado, él mismo sostiene que a partir de Hobbes no es tan clara como parece.[9]



BIBLIOGRAFÍA


BOVERO, Michelangelo, “El modelo Hegeliano-Marxiano”, en Norberto Bobbio y Michelangelo Bovero, Sociedad y Estado en la Filosofía Moderna, traducción de José Florencio Fernández Santillán, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, 3ª reimpresión 1996, pp. 170-181.

CASTORIADIS, Cornelius, “¿El fin de la filosofía?”, en El mundo fragmentado, traducción de Roxana Páez, La Plata, Terramar, 2008, pp. 149-166.

CASTRO, Edgardo, “Una filosofía política de la universidad”, en Ñ - Revista de Cultura Clarín- Nº 226 - 26 de enero de 2008, pp. 10-12.

ECO, Umberto, “Elogio de santo Tomás”, en La estrategia de la ilusión, traducción de Edgardo Oviedo, Barcelona, Lumen, 3ª edición 1999, pp. 269-278.

ESTEBANEZ, Emilio García, El Renacimiento: humanismo y sociedad, Bogotá, Cincel, 1986.

GILSON, Étienne, La Filosofía en la Edad Media. Desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV, traducción de Arsenio Pacios y Salvador Caballero, Madrid, Gredos, 1958, 2ª edición 1965, 6ª reimpresión 1995.

HABERMAS, Jürgen, El discurso filosófico de la modernidad, traducción de Manuel Jiménez Redondo, Buenos Aires y Madrid, Katz, 2008.

HEGEL, Georg Wilhelm Friedrich, Principios de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia Política, traducción de José Luis Vermal, Buenos Aires, Sudamericana, 1975.

MAGNAVACA, Silvia, Léxico Técnico de Filosofía Medieval, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2005.

STEIN, Peter G., El Derecho romano en la historia de Europa. Historia de una cultura jurídica, traducción de César Hornero y Armando Romanos, Madrid, Siglo XXI, 2001.

SUERO, Teresa, “Introducción a Elogio de la Locura, de Erasmo de Rotterdam”, Barcelona, Bruguera, 1981, pp. 30-40.

VIRNO, Paolo, Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas, traducción de Adriana Gómez, Buenos Aires, Colihué, 2003.

WEIL, Eric, Hegel y el Estado. Cinco conferencias y un apéndice, traducción de Alfredo Llanos y Ofelia Menga, Buenos Aires, Leviatán, 1996.


NOTAS

[1] Étienne Gilson, La Filosofía en la Edad Media, Madrid, Gredos, 1995, p. 385 y ss.

[2] Peter G. Stein, El Derecho romano en la historia de Europa, Madrid, Siglo XXI, pp. 64-67.

[3] Susana Magnavacca, Léxico técnico de Filosofía Medieval, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2005, p. 714.

[4] Étienne Gilson, op cit, pp. 274-288.

[5] Umberto Eco, “Elogio de santo Tomás”, en La estrategia de la ilusión, Barcelona, Lumen, 1999, pp. 269-278.

[6] Vid. Teresa Suero, “Introducción a Elogio de la Locura, de Erasmo de Rotterdam”, Barcelona, Bruguera, 1981, pp. 30-40; Emilio García Estebanez, El Renacimiento: humanismo y sociedad, Bogotá, Cincel, 1986, p. 139 y ss.

[7] G. W. F. Hegel, Principios de la Filosofía del Derecho, Buenos Aires, Sudamericana, 1975, pp. 11-26; vid. Michelangelo Bovero, ·”El modelo Hegeliano-Marxiano”, en Norberto Bobbio y Michelangelo Bovero, Sociedad y Estado en la Filosofía Moderna, México, Fondo de Cultura Económica, 1991, pp. 170-181; Eric Weil, Hegel y el Estado, Buenos Aires, Leviatán, 1961, p. 75 y ss; Hannah Arendt, “Sócrates”, en La promesa de la política, Barcelona, Paidós, 2008, pp. 43-75; Jürgen Habermas, El discurso filosófico de la modernidad, Buenos Aires, Katz, 2008, pp. 35-62; Cf. Cornelius Castoriadis, “¿El fin de la filosofía?”, en El mundo fragmentado, La Plata, Terramar, 2008, pp. 149-166.

[8] Vid. Edgardo Castro, “Una filosofía política de la universidad”, en Ñ - Revista de Cultura Clarín- Nº 226 - 26 de enero de 2008, pp. 10-12.

[9] Paolo Virno, Gramática de la multitud, Buenos Aires, Colihue, 2003, pp. 11-12.