lunes, 21 de junio de 2010

HESIODO, DICHTER UND BAUER



Luis Antonio Rateni


Hesíodo, como Homero, es la expresión poética del período al que comúnmente se da el nombre de Medioevo Griego. Es ésta una época oscura que se inicia con el derrumbe de la civilización micénica, provocado por las sucesivas invasiones de pueblos helénicos provenientes del norte y conocidos como dorios, a finales del siglo XII a. de C. En el siglo VII comienza la que suele llamarse Época Arcaica. Este período es de suma importancia porque en él se echaron los cimientos de la nueva civilización que caracterizó al mundo griego hasta la época de Alejandro Magno.
La existencia real de Hesíodo no ha suscitado entre los investigadores las dudas que envuelven al semilegendario Homero, si bien no faltan relatos ficticios sobre su origen, su vida y su muerte. Lo hemos calificado en el título de este capítulo como Dichter und Bauer (Poeta y Aldeano), parafraseando el título de la célebre opereta de Franz von Suppé, dado que, según la presentación que el poeta hace de sí mismo en su obra, fue un joven pastor que recibió el llamado de las Musas del Helicón, mientras apacentaba sus ovejas, para ser consagrado poeta

Αἵ νύ ποθ᾽ Ἡσίοδον καλὴν ἐδίδαξαν ἀοιδήν,
ἄρνας ποιμαίνονθ᾽ Ἑλικῶνος ὕπο ζαθέοιο.
Τόνδε δέ με πρώτιστα θεαὶ πρὸς μῦθον ἔειπον,
Μοῦσαι Ὀλυμπιάδες, κοῦραι Διὸς αἰγιόχοιο·
«Ποιμένες ἄγραυλοι, κάκ᾽ ἐλέγχεα, γαστέρες οἶον,
ἴδμεν ψεύδεα πολλὰ λέγειν ἐτύμοισιν ὁμοῖα,
ἴδμεν δ᾽, εὖτ᾽ ἐθέλωμεν, ἀληθέα γηρύσασθαι.»

[Ellas una vez a Hesíodo enseñaron su bello canto,
mientras apacentaba ovejas al pie del Helicón divino.
Esto a mí en primer lugar las diosas con su discurso me dijeron,
las Musas Olímpicas, hijas de Zeus que tiene la égida:
“Pastores rústicos, mal oprobio, vientres solamente,
sabemos decir muchas falsedades semejantes a verdades,
pero sabemos, cuando queremos, verdades referir”.]

El hecho de que al comienzo de Trabajos y días el poeta comience invocando a las Musas de la Pieria,

Μοῦσαι Πιερίηθεν ἀοιδῇσιν κλείουσαι
δεῦτε, Δί' ἐννέπετε, σφέτερον πατέρ' ὑμνείουσαι·
ὅντε διὰ βροτοὶ ἄνδρες ὁμῶς ἄφατοί τε φατοί τε,
ῥητοί τ' ἄρρητοί τε Διὸς μεγάλοιο ἕκητι.

[Musas de Pieria que afamáis con vuestros cantos,
venid, de Zeus hablad, celebrando a vuestro padre;
por quien los mortales hombres son igualmente sin fama y afamados,
conocidos y desconocidos, a causa de Zeus el grande.]

y no a las del Helicón, que fueron las que lo iniciaron en la poesía, sirvió de argumento a ciertos comentaristas de la Antigüedad para rechazar la autenticidad del comienzo del poema. Sin embargo, esta mención a la región macedónica donde la historia ubica el nacimiento de las Musas es perfectamente coherente con la Teogonía

Τὰς ἐν Πιερίῃ Κρονίδῃ τέκε πατρὶ μιγεῖσα
Μνημοσύνη, γουνοῖσιν Ἐλευθῆρος μεδέουσα,
λησμοσύνην τε κακῶν ἄμπαυμά τε μερμηράων.

[A éstas en Pieria, unida al Crónida como padre, las dio a luz
Mnemósine, protectora de las colinas de Eléuteras,
como olvido de males y reposo de inquietudes.]

Estamos ante un campesino de Beocia que celebra la piedad, la justicia y el trabajo. Canta el nacimiento y las hazañas de los dioses sin dejar por ello de enseñar el cultivo de la tierra. Es teólogo y cosmólogo sin dejar de ser agrónomo. Hesíodo eleva la tarea del agricultor a un plano quasi místico. Trabajos y Días es el gran poema del hombre y su vinculación con la agricultura. El protagonismo se centra por completo en el plano humano. Lo trascendente, justamente, viene dado por el hecho de que en el cultivo de los cereales el hombre entra en contacto con los poderes divinos, a través de su esfuerzo y su sacrificio. A partir del trabajo, los hombres son más queridos por los Inmortales

ἐξ ἔργων δ' ἄνδρες πολύμηλοί τ' ἀφνειοί τε·
καὶ ἐργαζόμενοι πολὺ φίλτεροι ἀθανάτοισιν.

[Por sus trabajos, los hombres son ricos en ganado y en recursos;
y trabajando, mucho más amado por los inmortales.]

La vida rural que describe Hesíodo supone un régimen de pequeña propiedad que el campesino, replegado sobre su tierra, explota directamente. Parecería un estado de la Grecia arcaica, como podría haber sido en tiempos anteriores a la pólis. Sin embargo, incluso en la época clásica, la economía griega se mantuvo esencialmente agrícola. En algunas ciudades griegas, quizá incluso en el Ática, el oikos como propiedad familiar permaneció inalienable hasta el fin del siglo V. Aun Aristóteles en su Política resalta la trascendencia de la casa familiar; aunque fija como primera comunidad de valores humanos a la pólis

ἡ δ᾽ ἐκ πλειόνων κωμῶν κοινωνία τέλειος πόλις, ἤδη πάσης ἔχουσα πέρας τῆς αὐταρκείας ὡς ἔπος εἰπεῖν, γινομένη μὲν τοῦ ζῆν ἕνεκεν, οὖσα δὲ τοῦ εὖ ζῆν.

[La comunidad perfecta de varias aldeas es la pólis, que tiene, por así decirlo, el extremo de toda suficiencia, y que surgió por causa de las necesidades de la vida, pero existe ahora para vivir bien.]

καὶ πρότερον δὲ τῇ φύσει πόλις ἢ οἰκία καὶ ἕκαστος ἡμῶν ἐστιν.

[La pólis es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte]

sin embargo, se apoya en Hesíodo para manifestar la relevancia del oikos como comunidad instituida a los fines de satisfacer las necesidades básicas de las personas.

ἐκ μὲν οὖν τούτων τῶν δύο κοινωνιῶν οἰκία πρώτη, καὶ ὀρθῶς Ἡσίοδος εἶπε ποιήσας

“οἶκον μὲν πρώτιστα γυναῖκά τε βοῦν τ᾽ ἀροτῆρα”

ὁ γὰρ βοῦς ἀντ᾽ οἰκέτου τοῖς πένησίν ἐστιν. ἡ μὲν οὖν εἰς πᾶσαν ἡμέραν συνεστηκυῖα κοινωνία κατὰ φύσιν οἶκός ἐστιν

[De estas dos comunidades procede en primer lugar el oíkos, y Hesíodo dijo bien en su poema

Una casa, en primer lugar, una mujer y un buey de labranza

pues el buey hace las veces de criado para los pobres. La familia es la comunidad constituida por naturaleza, para satisfacción de lo cotidiano]

La tierra estaba ligada a representaciones religiosas, que le otorgaban un lazo muy particular con su poseedor. Nuevamente es el Estagirita quien expone esta situación en su Constitución de los Atenienses, citando los versos de Solón que celebran la emancipación de la Tierra, madre de los olímpicos, en otros tiempos esclava, luego libre

ἐγὼ δὲ τῶν μὲν οὕνεκα ξυνήγαγον
δῆμον, τί τούτων πρὶν τυχεῖν ἐπαυσάμην;
συμμαρτυροίη ταῦτ᾽ ἂν ἐν δίκῃ Χρόνου
μήτηρ μεγίστη δαιμόνων Ὀλυμπίων
ἄριστα, Γῆ μέλαινα, τῆς ἐγώ ποτε
ὅρους ἀνεῖλον πολλαχῇ πεπηγότας,
πρόσθεν δὲ δουλεύουσα, νῦν ἐλευθέρα.

[Yo para cuantas cosas reuní
al pueblo, ¿en cuál de ellas me detuve antes de lograrla?
Podría testimoniar de esto en el tribunal del Tiempo
la suprema madre de los dioses olímpicos
muy bien, la negra Tierra, de la que yo antaño
los mojones arranqué en muchas partes hincados
la que antes era esclava, ahora es libre.]

Por ello la tierra constituía un bien completamente diferente al dinero; difícilmente entraba en el ciclo de la economía monetaria.
La comedia clásica muestra lo que pudo haber sido la vida del campesino del Ática, que trabajaba su tierra con ayuda de algunos esclavos. Aristófanes presenta en Acarnienses a Dikaiópolis, un labrador que demuestra que los oradores incitan a la guerra y engañan descaradamente al pueblo, mientras que llora a su aldea que desconoce el comercio y se autoabastece

ὦ πόλις πόλις.
ἐγὼ δ᾽ ἀεὶ πρώτιστος εἰς ἐκκλησίαν
νοστῶν κάθημαι: κᾆτ᾽ ἐπειδὰν ὦ μόνος,
30στένω κέχηνα σκορδινῶμαι πέρδομαι,
ἀπορῶ γράφω παρατίλλομαι λογίζομαι,
ἀποβλέπων ἐς τὸν ἀγρὸν εἰρήνης ἐρῶν,
στυγῶν μὲν ἄστυ τὸν δ᾽ ἐμὸν δῆμον ποθῶν,
ὃς οὐδεπώποτ᾽ εἶπεν, ἄνθρακας πρίω,
οὐκ ὄξος οὐκ ἔλαιον, οὐδ᾽ ᾔδει “πρίω,”
ἀλλ᾽ αὐτὸς ἔφερε πάντα χὠ πρίων ἀπῆν.

[¡Oh, pólis, pólis!
Yo sin embargo llego siempre temprano a la Asamblea
luego, espero regresar porque me aburro de estar aquí solo,
gimo, bostezo, me desperezo, pedorreo, pues no sé qué hacer;
dibujo en el suelo, me arranco los pelos, hago cálculos,
vuelvo mis ojos a los campos, deseoso de paz,
aborreciendo la ciudad, añorando mi pueblo que jamás pregonó
“compra carbón”, “compra vinagre”, “compra aceite”.
Ni siquiera conocía que era eso de “compra”,
porque nos autoabastecíamos y nadie te gritaba “compra”.]

En su Apología de Sócrates, Jenofonte enfatiza la actualidad que tenía Hesíodo en tiempos del juicio del filósofo ateniense, dado que sus acusadores se habrían valido de una rebuscada interpretación de una cita del poeta, aparentemente frecuentada por Sócrates

ἔφη δ᾽ αὐτὸν ὁ κατήγορος καὶ τῶν ἐνδοξοτάτων ποιητῶν ἐκλεγόμενον τὰ πονηρότατα καὶ τούτοις μαρτυρίοις χρώμενον διδάσκειν τοὺς συνόντας κακούργους τε εἶναι καὶ τυραννικούς, Ἡσιόδου μὲν τὸ

ἔργον δ᾽ οὐδὲν ὄνειδος, ἀεργίη δέ τ᾽ ὄνειδος:

Σωκράτης δ᾽ ἐπεὶ διομολογήσαιτο τὸ μὲν ἐργάτην εἶναι ὠφέλιμόν τε ἀνθρώπῳ καὶ ἀγαθὸν εἶναι, τὸ δὲ ἀργὸν βλαβερόν τε καὶ κακόν, καὶ τὸ μὲν ἐργάζεσθαι ἀγαθόν

[También decía el acusador que Sócrates había seleccionado los pasajes más perversos de los poetas más ilustres, y, empleándolos como testimonio, enseñaba a sus discípulos a ser malvados y despóticos. De Hesíodo citaba lo de que

El trabajo no es ninguna vergüenza, el ocio es vergüenza.

El acusador pretendía que Sócrates citaba este verso haciendo ver que el poeta exhorta a no abstenerse de ningún trabajo, ni injusto ni vergonzoso, sino a hacer también éstos con vistas a la ganancia.]

Los antiguos imaginaron una competencia entre Hesíodo y Homero, en la cual resultó vencedor el poeta beocio. La fijación de esta leyenda se dio en el Agón, un corto poema mixto de prosa y verso que los griegos probablemente conocían ya desde finales del siglo V a. de C. Precisamente, su origen se debe a la finalidad de demostrar la superioridad de la poesía didascálica de Hesíodo sobre la épica homérica. La tradición relativa a Hesíodo, que aúna testimonios críticos de Alejandría y Pérgamo, incluye este certamen literario. Tambien se hace referencia al mismo en las biografías del poeta escritas por Hesiquio y Tzetzes, y en los comentarios referentes a su obra realizados por Plutarco, Pausanias y Proclo.
Disentimos con Mondolfo respecto de que podría verse en Homero una contraposición entre la virtud del trabajo y la actividad útil para la familia, dado que, precisamente, elige citar las palabras de Ulises mientras pasa por mendigo en su propia mansión, donde la historia en la cual se aprecia el supuesto “antagonismo” es creación del “polytropismo” del héroe

νῦν δ᾽ ἤδη πάντα λέλοιπεν
ἀλλ᾽ ἔμπης καλάμην γέ σ᾽ ὀΐομαι εἰσορόωντα
γιγνώσκειν· ἦ γάρ με δύη ἔχει ἤλιθα πολλή.
ἦ μὲν δὴ θάρσος μοι Ἄρης τ᾽ ἔδοσαν καὶ Ἀθήνη
καὶ ῥηξηνορίην· ὁπότε κρίνοιμι λόχονδε
ἄνδρας ἀριστῆας, κακὰ δυσμενέεσσι φυτεύων,
οὔ ποτέ μοι θάνατον προτιόσσετο θυμὸς ἀγήνωρ,
ἀλλὰ πολὺ πρώτιστος ἐπάλμενος ἔγχει ἕλεσκον
ἀνδρῶν δυσμενέων ὅ τέ μοι εἴξειε πόδεσσιν.

[Todo ya se perdió, mas tú mismo,
si no yerro, podrás conocer, contemplando el rastrojo,
cómo ha sido la mies, aunque tanto me pesen mis duelos.
Pero Ares y Atenea pusieron audacia en mi alma
y el esfuerzo a romper por los hombres, y, cuando elegía
los mejores para una emboscada tramando ruinas
a otros, jamás en mi espíritu prócer pensaba
en la muerte: el primero en saltar, abatía con mi lanza
al contrario incapaz de escapar a mis piernas veloces.]

Sí, en cambio, coincidimos con el autor italiano en que Hesíodo cimienta otra moral nítidamente distinta, doméstica y económica. El ideal heroico aventurero es sustituido por el propio apacible y benigno del campesino. En su condición de aedo y agricultor, Hesíodo introduce el elemento personal, hablando en su propio nombre. No es casual que la obra de Hesíodo en general, y Trabajos y días en particular, se hayan erigido en paradigma de la práctica educativa agreste en la Grecia arcaica. En el caso de los agricultores, no podría hablarse de una educación metódica y sistemática, sino más bien de sugestiones morales y de hábitos que el trato diario de los jóvenes con los adultos debe ir creando. Más que las técnicas de labranza expuestas por Hesíodo, lo importante es el general sentido de austera moralidad del poema. La justicia hacia todos, la templanza y la vida ordenada son las virtudes modestas más preciosas para el hombre sabio y feliz.
No hay que olvidar que las poblaciones campesinas a las que Hesíodo proyecta este cuadro de vida virtuosa son aquellas entre las cuales los cultos agrarios primeramente, y las religiones mistéricas más tarde, encontraron los prosélitos más numerosos. Estas religiones resaltaban la antítesis entre estado humano propio de esta existencia terrestre, y estado divino, estado de felicidad que, más allá de la muerte, esperaba a las almas puras.
Para Mondolfo, Hesíodo utiliza las creencias del animismo y del demonismo primitivo, las cuales nunca fueron abandonadas por los campesinos y los hombres comunes, entre quienes el poeta se cuenta. No obstante, modifica la función de los espíritus invisibles que pueblan la atmósfera. Ya no se apoderan de los hombres para dominar su obra, pues en tal caso no cabrían responsabilidades en el accionar humano. Solamente intervienen para vigilar esas acciones responsables, a fin de llevar noticias a la divinidad que imparte justicia. De aquí que Zeus envíe por toda la tierra a los treinta mil custodios inmortales de los hombres para observar su conducta.

τρὶς γὰρ μύριοί εἰσιν ἐπὶ χθονὶ πουλυϐοτείρῃ
ἀθάνατοι Ζηνὸς φύλακες θνητῶν ἀνθρώπων·
οἵ ῥα φυλάσσουσίν τε δίκας καὶ σχέτλια ἔργα
ἠέρα ἑσσάμενοι, πάντη φοιτῶντες ἐπ' αἶαν.

[Pues treinta mil sobre la tierra muy fecunda son
los inmortales, por orden de Zeus de los mortales hombres;
ellos custodian las sentencias y las crueles obras,
vestidos de bruma, yendo y viniendo por doquier sobre la tierra.]

De manera muy particular ha marcado O. Gigon el distanciamiento existente en materia religiosa entre Homero y Hesíodo

La religión homérica es una religión de señores formada libremente por el distanciamiento poético, en la que cuesta mucho encontrar un poco de verdadera fe. En Hesíodo, por el contrario, la fe en Zeus es el centro de su ser y el elemento por el que hallan unidad interna las dos obras que de él conservamos: la Teogonía y Los trabajos y los días. Los trabajos y los días nos hablan de Zeus como guardián de la justicia y la Teogonía, mirada bajo cierto punto de vista, no es otra cosa que un himno a Zeus, en el que se nos cuenta cómo Zeus, después de dominar los desordenados poderes de tiempos remotos, asienta su reino de justicia.

Sin embargo, más allá de lo que expusiéramos en I.1. , y de la complejidad de genealogías divinas expuestas en la Teogonía, Hesíodo nunca perdió de vista la dualidad existente entre la religión olímpica y las nunca desaparecidas creencias populares. Aunque en teoría el Panteón olímpico de los doce dioses presidido por Zeus parece de una solidez monolítica, en la práctica vemos sendas contradicciones. Los dioses olímpicos no son exteriores al mundo; son parte integrante del cosmos. Ellos no han creado el universo físico, ni los seres vivos, ni los hombres. Ellos mismos han sido creados por potencias primordiales que continuaban existiendo como sustrato del universo: Chaos, Gaia, Eros, Nyx, Ouranós y Okeanós.
Para Guthrie, la religión griega es multifacética; en la Grecia de los tiempos históricos, la división más obvia que ha de hacerse es la señalada entre religión olímpica y la ctonia, entre los cultos al aire libre en torno de las cimas del monte sagrado, con sus concomitantes características de cordura, claridad y serenidad, y los cultos de la tierra y de las regiones subterráneas, a menudo señalados por la oscuridad impresionante y el místico anhelo de una unión entre el hombre y la divinidad.
Dentro del animismo popular, del cual los treinta mil custodios inmortales son un reflejo, se creía que un ser divino tutelar acompañaba a cada hombre durante su vida. Así, en el Fedón de Platón, Sócrates menciona

λέγεται δὲ οὕτως, ὡς ἄρα τελευτήσαντα ἕκαστον ὁ ἑκάστου δαίμων, ὅσπερ ζῶντα εἰλήχει, οὗτος ἄγειν ἐπιχειρεῖ εἰς δή τινα τόπον, οἷ δεῖ τοὺς συλλεγέντας διαδικασαμένους εἰς Ἅιδου. πορεύεσθαι μετὰ ἡγεμόνος ἐκείνου ᾧ δὴ προστέτακται τοὺς ἐνθένδε ἐκεῖσε πορεῦσαι: τυχόντας δὲ ἐκεῖ ὧν δὴ τυχεῖν καὶ μείναντας ὃν χρὴ χρόνον ἄλλος δεῦρο πάλιν ἡγεμὼν κομίζει ἐν πολλαῖς χρόνου καὶ μακραῖς περιόδοις.

[Se cuenta eso de que, cuando uno muere, el daimón de cada uno, el que le cupo en suerte en vida, ése intenta llevarlo hacia un cierto lugar, en donde es preciso que los congregados sean sentenciados para marchar hacia el Hades en compañía del guía aquel al que le está encomendado dirigirlos de aquí hasta allí. Y una vez que allí reciben lo que deben recibir y permanecen el tiempo que deben, de nuevo en el sentido inverso los reconduce el guía a través de muchos y amplios períodos de tiempo.]

Jenofonte emplea el neutro τὸ δαιμόνιον para referirse a ese “algo divino tutelar”. Se trataría de una divinidad anunciadora del futuro y también indicadora de lo que se debe hacer, ajustándose a las convicciones religiosas de cada uno

διετεθρύλητο γὰρ ὡς φαίη Σωκράτης τὸ δαιμόνιον ἑαυτῷ σημαίνειν: ὅθεν δὴ καὶ μάλιστά μοι δοκοῦσιν αὐτὸν αἰτιάσασθαι καινὰ δαιμόνια εἰσφέρειν. ὁ δ᾽ οὐδὲν καινότερον εἰσέφερε τῶν ἄλλων, ὅσοι μαντικὴν νομίζοντες οἰωνοῖς τε χρῶνται καὶ φήμαις καὶ συμβόλοις καὶ θυσίαις. οὗτοί τε γὰρ ὑπολαμβάνουσιν οὐ τοὺς ὄρνιθας οὐδὲ τοὺς ἀπαντῶντας εἰδέναι τὰ συμφέροντα τοῖς μαντευομένοις, ἀλλὰ τοὺς θεοὺς διὰ τούτων αὐτὰ σημαίνειν, κἀκεῖνος δὲ οὕτως ἐνόμιζεν.

[Se había divulgado, en efecto, que Sócrates afirmaba que la divinidad le daba señales, que es la razón fundamental por la que yo creo que le acusaron de introducir divinidades nuevas. Pero nada introducía más nuevo que otros que por creer en un arte adivinatoria utilizan pájaros, voces, signos y sacrificios. Ya que estas personas suponen no que los pájaros o los encuentros fortuitos saben lo que conviene a los consultantes, sino que los dioses se lo manifiestan a través de ellos, y Sócrates también lo creía así.]

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